Relaccionados...

 

Foto de El Adelanto de ZamoraArtículo  Opinión editado en  El Adelanto de Zamora el 30/11/2012.

L o sé, es una exageración afirmar que en un futuro los peces que ingerimos, habitualmente se terminarán convirtiendo en algo más que un alimento para nuestro cuerpo, sobretodo teniendo en cuenta que lamayoría de estos animales provienen de piscifactorías, donde se supone que existe un control más riguroso de las aguas. Pero estoy segura de que al menos ha servido para captar su atención. Esta afirmación, que presento en el título, se basa en una noticia que he leído en la prensa. En este artículo se mencionaba que en la III Conferencia Anual Scarce, un grupo de científicos españoles había presentado un trabajo en el que se revela la existencia de residuos de ciertos fármacos, como el antinflamatorio Voltarén, en nuestros ríos, más concretamente en varias especies de peces, principalmente en las carpas, encontradas en los ríos Ebro, Júcar, Guadalquivir y Llobregat. No se sientan tan aliviados, el hecho de que el  resto de los ríos españoles no figuren en el estudio se debe, simplemente, a que sólo se llevaron a cabo estos análisis en los ríos mencionados. De hecho, en las conclusiones de dicha investigación se presupone la presencia de este compuesto químico en todas las cuencas hidrográficas. Por este motivo, la Unión Europea se está planteando incluir este compuesto como un nuevo contaminante a controlar en las muestras de aguas que se realizan para verificar la salubridad de las aguas. A pesar de que los niveles, de este fármaco, encontrados en estos peces no parece ser perjudicial para el ser humano, en caso de que ingiera alguno de estos animales, pero se teme que suponga un desastre ecológico. Según menciona dicho estudio, la presencia de estos compuestos químicos en el agua, y en los animales que la habitan, se debe a que las depuradoras, instaladas en la salida de los núcleos urbanos, no están capacitadas para eliminar estos productos químicos. No significa que estén fallando dichas instalaciones, sino que la manera de depurar el agua de los ríos no es la adecuada, enla actualidad. Esto se debe a que la composición de los productos que tiramos a los ríos están formados por unos compuestos químicos con los que no se había contado a la hora de diseñar estas depuradoras, pues no se pensó que, en algún momento, pudieran aparecer en nuestras aguas. Toda esta información me hace pensar que somos tan zopencos que ni siquiera nos molestamos en reflexionar qué efecto pueden tener todas aquellas cosas que tiramos al retrete,o peor aún, directamente al río. Ya no es que no pensemos en el ecosistema, que parece nos suena más lejano, sino que parece darnos igual la repercusión que estos desechos puedan tener en nues tra propia salud. No somos conscientes de que nuestra supervivencia depende de lo que la naturaleza nos pueda dar y si seguimos así conseguiremos justo lo que nos merecemos, que nos devuelva toda la “mierda”, con perdón, que le estamos dando. Así que a la hora de tirar ciertos productos al agua párense un segundo y piensen en lo que quieren encontrarse cuando abran el grifo de sus casa

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